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Resumen
 
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El intestino delgado

 


Con la terapia bioenergética global y causal se pueden tratar casi todas las enfermedades, porque casi todas ellas van acompañadas por perturbaciones de la energía cor­poral, o incluso son causadas por éstas.
Algunos factores de carga se presentan en diferentes enfermedades. Ellos son, casi, su carga central. Éstas son, especialmente, las falsas colonizaciones bacterianas del intestino y las afecciones micóticas, la sobrecarga con metabólicos del tejido conjuntivo, los focos tóxicos, los dientes, las autoagresiones, las inmunodeficiencias y los tumores malignos. El terapeuta debe descubrir en qué medida estas cargas tienen un papel en las enfermedades existentes. En el libro Bioresonanz-Therapíe se describen afecciones específicas, como las migrañas y las enfermedades infantiles. En este libro se comentarán las cargas más graves que están en segundo plano.
Cuando uno escucha conversaciones sobre la salud y la enfermedad, la preocupación principal de muchas personas parece ser la digestión; con ello quieren decir la mayoría de las veces «ir de vientre». Una vez al día, dos, ¿más a menudo a lo mejor? ¿O sólo cada dos días o aún más raramente? ¿Diarrea o estreñimiento, plenitud o ventosidad, putrefacción o fermentación? Muchas cosas parecen girar en torno al intestino, que no sólo ocupa una posición central en el cuerpo, sino también en la conciencia de la mayoría de los pacientes. Y es ciertamente así, pues el intestino ocupa una posición central en la salud y en la evolución de la enfermedad. No sin razón, el terapeuta se interesa en casi todos los casos por la «digestión» o el «ir de vientre».
¿Por qué, pues, es tan importante el intestino? Veámoslo.
El intestino es el mayor alimentador del cuerpo, pero también puede ser su mayor campo de perturbación. Elabora los alimentos hasta convertirlos en sustancias formadoras y combustibles de las que el cuerpo vive, pero también puede intoxicarlo gradualmente con sus­tancias de putrefacción y fermentación. Puede proteger de virus, hongos y bacterias con el sistema inmunitario intacto, pero en caso de estar dañada la pared intestinal y bloqueada la función de excreción de toxinas, puede ser también la puerta de entrada de toxinas a la sangre.
QUÉ PAPEL TIENEN LOS PUNTOS CARDINALES El intestino tiene, pues, muchas funciones. Las más importantes son: digestión de los alimentos, cesión al cuerpo de los alimentos digeridos, recuperación de agua, estimulación de las defensas del cuerpo, producción de células defensivas, protección del interior del cuerpo de sustancias extrañas, excreción de desechos y toxinas.

La digestión se efectúa predominantemente en el intestino delgado (elemento Fuego). Aquí se efectúa tam­bién la reabsorción, es decir, la recepción de componen­tes alimentarios útiles desde el intestino delgado al interior del cuerpo. La descomposición de los restantes componentes alimentarios, casi siempre inútiles para el cuerpo, se efectúa en el intestino grueso (elemento Metal). Aquí, bacterias serviciales descomponen el qui­mo y preparan su excreción.
En una superficie que ocupa un total de 150-200 m2 viven 1014 bacterias; ¡eso son más bacterias que células que tiene la persona! Aproximadamente un 70% del sistema inmunitario del cuerpo está asociado al intestino, esto es, ¡depende de la producción continua del intestino de defensas y anticuerpos! Cuando uno se hace consciente de esta cantidad, queda clara la importancia inmensa y central de la función defensiva del intestino. No es de extrañar que las personas estén siempre pendientes de si van «bien de vientre»; para ellas, la función intestinal es un indicador de su salud, aun cuando a menudo sólo le concedan importancia de manera inconsciente.
Sin embargo, estas funciones pueden perturbarse. Eso empieza con la perturbación digestiva de la comida en la boca (por masticación y salivación insuficientes) y en el intestino delgado por carencia de enzimas o irri­taciones inflamatorias del intestino, continúa con la des­composición fermentativa o de formaciones putrefactas patológicas del quimo en el intestino grueso, y acaba con la asimilación de toxinas metabólicas a través de la mucosa intestinal por la linfa y la sangre.
Las consecuencias son extremadamente variadas, y van desde una inofensiva sensación de plenitud hasta enfermedades consideradas incurables, como la colitis ulcerosa (úlceras del intestino grueso).
Para que pueda ver más claro todo este complicado estado de cosas, hemos agrupado a efectos didácticos los daños del intestino en tres:
Daños de la flora intestinal.
Daños de la pared intestinal.
Daños de la linfa de la pared intestinal.

Las enfermedades intestinales comienzan habitual­mente con perturbaciones de la flora intestinal. El intestino necesita, en todas sus secciones, una flora intesti­nal completamente específica y equilibrada (se trata de bacterias intestinales), para poder funcionar de manera óptima. Esta flora intestinal consta -mientras está sana­ de bacterias fisiológicas y patológicas.
El intestino también contiene, ciertamente, hongos, porque éstos se ocupan constantemente de la alimentación y la respiración en el estómago y el intestino, pero, por lo general, se consideran patológicos. Sólo son «tolerables» hasta cantidades determinadas; más allá de éstas deben combatirse. El sistema inmunitario del intestino impide normalmente que se establezcan, o bien que se acoplen en la mucosa intestinal.
Con respecto a las bacterias se distingue entre las que «mantienen la salud» (fisiológicas) y las que «hacen enfermar» (patológicas).
Entre las principales bacterias fi­siológicas se cuentan, en el intestino delgado, el lactobacillus, y en el intes­tino grueso las bacterias bifidus. Otras clases de bacterias se indican en los diferentes resulta­dos de las investigaciones.
Entre las bacterias patógenas se cuentan, en el intestino delgado los estreptococos y las bacterias colí; en el intestino grueso, además, el clostridio y la proteos  así como los estafilococos.
La bacteria Escherichia coH tiene un papel especial­mente importante. Ésta actúa como patógena por sus productos metabólicos y de fisión; así, excita la linfa de la pared intestinal, que es la defensa específica del cuerpo.
Como todas las bacterias intestinales, la Escherichia coH sólo puede encontrarse en el intestino en una canti­dad determinada, esto es, dentro de unos valores límite determinados. Si se sobrepasan, es decir, si hay una presencia excesiva de Escherichia colí, se llega a una invasión del intestino. Como entonces se fabrican más productos metabólicos y de fisión, aquéllos penetran más en la mucosa intestinal. Se estimula así aún más la linfa de la pared intestinal, que produce crecientes cuerpos inmu­nes. Así se hace retroceder a las bacterias coH.
Es más problemático si hay demasiado pocas bacte­rias colí en el intestino. Entonces, el estímulo es dema­siado pequeño y las inmunoglobulinas específicas se reducen. Por esta reducción constante de las inmuno­globulinas específicas se pierde la capacidad de rendi­miento de los mecanismos inmunitarios de la linfa de la pared intestinal y, con ella, del sistema inmunitario. Pueden aumentar la Escherichia colí y otras bacterias patóge­nas intestinales, pero también los hongos intestinales (!).
¿Qué situación conduce a que en el intestino la Escherichia coli sea demasiado escasa?
En primer lugar, puede nombrar se el desplazamiento del medio intestinal por el azúcar blanco. El azúcar,  en especial el refinado, actúa frenando el crecimiento de las bacterias coli; la fructosa extraída, la glucosa y  lactosa t el consumo de azúcar refinado es extremadamente alto en los países civilizados, la disbacteriosis (con sus consecuencias) se ha convertido en una enfermedad típica del bienestar. El problema principal que presenta es la dulcificación constante del intestino. Y no se debe a comer sólo una galleta y unos pocos trocitos de chocolate; el consumo constante de productos azucarados es el problema principal. Éste es también el caso en los niños.
Contra esta constante invasión de azúcar, las bacterias colí apenas tienen una oportunidad; la disbacteriosis y las enfermedades subsidiarias son la consecuencia ine­vitable.
Pero también las terapias con antibióticos pueden reducir bacterias intestinales de importancia vital.
La disbacteriosis conduce al bloqueo de la linfa de la pared intestinal, 10 que significa que los procesos de desintoxicación del intestino ya no tienen lugar de manera completa. La consecuencia inevitable de ello es una carga reforzada de los otros órganos de desintoxicación y excreción (piel, hígado, riñones) y, si éstos no funcionan correcta­mente, una carga del tejido conjuntivo, del tejido adiposo y de las articulaciones. La consecuencia a largo plazo de un bloqueo de esta linfa es, así, la casi inevitable excoriación tóxica del cuerpo, y con ello el camino hacia la enfermedad crónica. Si el paciente bebe ahora muy poca agua pobre en sustancias minerales, la función excretora de los riñones se restringe todavía más.
La función protectora y de barrera del intestino mengua considerablemente si la pared intestinal, por ejemplo debido a perturbaciones masivas de la flora intestinal, se hace más permeable. Una consecuencia es el mencionado exceso de moléculas del metabolismo en la sangre. Así, se sobrecargan los órganos de desintoxicación y excreción, el hígado y los riñones, como casi siempre es el caso en las disbacterio­sis masivas. Si el paciente come fast faad (expresión en lengua inglesa para referir­se a alimentación de escaso valor, literalmente «comida basura», es decir, un régimen nutritivamente pobre), y los muchos hidratos de carbono refinados de una alimentación inconsciente también han destruido las rejillas de enzimas, se produce putrefacción en el intestino grueso.
Durante la fermentación, los alcoholes (etílico, metílico, isopropílico) pasan a la sangre y finalmente al hígado a través de la pared intestinal. Allí la prioridad es desintoxicarlos; mientras, otras toxinas que nadan en la sangre permanecen en ésta e intoxican lentamente el organismo del modo descrito. ¡Ésta es una situación muy peligrosa! ¡La fermentación y la putrefacción intestinales cargan considerablemente el hígado! La fermentación obstaculiza, especialmente por la fabricación de alcohol metílico, la desintegración de otras toxinas en el hígado.
¿Qué se puede hacer contra una formación altamente tóxica de putrefacción y fermentación? Aquí hay dos consejos en apoyo de la terapia de biorresonancia:
Putrefacción: no comer proteínas animales, espe­cialmente carne; adoptar hasta 2 meses un régimen puramente vegetariano.
Fermentación: comer crudo 10 menos posible, no beber alcohol; en lugar de ello, adoptar una ali­mentación macrobiótica rica en enzimas, que no fermente en el intestino; más tarde, adoptar la dieta de separación de Hay con alimentos enzi­máticos (sobre la alimentación macrobiótica y la dieta de separación de Hay, consulte usted, por favor, la bibliografía correspondiente).
Una disbacteriosis se percibe raramente, porque en la mayoría de casos se desarrolla muy lentamente y transcurre de manera crónica. Ciertamente, se perciben sus síntomas primarios (plenitud, ventosidades, flatulencias), pero no se reconoce la disbacteriosis como causa. Otras consecuencias son:
estreñimiento o diarrea crónicos, fermentación y putrefacción intestinal crónicas,
Inflamación crónica de las mucosas estomacales y de ambos intestinos,
Incompatibilidades/alergias/autoagresiones,
Depósitos de heces entre los pliegues intestinales (haustros) y los divertículos.
Procesos de fermentación y putrefacción con efecto de intoxicación regresiva en el cuerpo,
Insuficiente excreción de toxinas por el intestino (intoxicación regresiva en la sangre, sobrecarga de la función desintoxicadora y excretora del hígado­bilis, riñón-orina, piel-sudor),
Declive de las defensas inmunitarias,
Incremento de la predisposición a las infecciones,
Afecciones micóticas,
Pérdida de rendimiento inmotivada, sensación de apatía, de sobrecarga, trastornos circulatorios.

Si la pared intestinal está dañada, pueden pasar a la linfa o a la sangre sustancias de putrefacción y fermentación por una alimentación insufi­cientemente digerida. Se desintoxican en el hígado y se excretan por los riñones. Si eso no es posible, se alma­cenan en los tejidos conjuntivo y adiposo o en las articulaciones.
Son consecuencias excoriación del tejido conjuntivo con los problemas descritos en el próximo apartado, excoriación del tejido adiposo y de las articulaciones.
Pero pueden presentarse también reacciones alérgi­cas o inflamatorias en la sangre o en las mucosas, piel, tejidos y órganos con buen riego sanguíneo. Ejemplos: el asma bronquial condicionada alérgicamente, la neurodermitis. red intestinal, las toxinas ya no se reciben en el intestino. Deben ser excretadas por la piel. Ejemplo: inflamaciones de la piel, entre otras la neurodermitis.
Éstas pueden ocurrir en las vías linfáticas o sanguí­neas de la mucosa intestinal (por ejemplo, la ileítis re­gional o colitis ulcerosa), pero también antes en la piel (por ejemplo, la neurodermitis). En estos casos, las enfermedades de la mucosa intestinal y de la piel son síntomas de una digestión incompleta debido a una disbacteriosis.
Como ve, hay una multiplicidad de perturbaciones intestinales y de enfermedades por ellas condicionadas. Naturalmente, ni las perturbaciones ni sus causas no son siempre manifiestas, sino que deben descubrirse en la prác­tica terapéutica a menudo en un trabajo «detectivesco» -que implica un dominio de la técnica de tests en red.
Con la prueba de los puntos de acupuntura de los meridianos del estómago, del intestino grueso y del intestino delgado, el terapeuta puede reconocer en qué dirección están cargados los meridianos, es decir, si por ejemplo están cargados más bien de manera agudo-inflamatoria o de manera crónico-degenerativa, si están bloqueados o bien sufren de debilidades de la regulación.
Ahora bien, el intestino delgado y el grueso no son órganos aislados del cuerpo, como usted sabe, sino que se hallan en múltiples interacciones con otros órganos. Con la teoría de los 5 elementos, el terapeuta puede comprender desde qué otros circuitos de funciones (meridianos) actúan influencias perturbadoras en el intestino y cómo actúa el intestino perturbado en otros circuitos de funciones.
Como ejemplos se pueden nombrar: los meridianos de la vejiga y el hígado actúan sobre el meridiano del intestino delgado; el meridiano del intestino grueso actúa sobre el meridiano de los riñones y el de las articu­laciones. Si consulta de nuevo el esquema de la teoría de los 5 elementos de la página 82, podrá hacerse una idea de las interacciones.
El terapeuta que trabaja con la técnica de tests en red puede probar con sus ampollas de testar estas in­teracciones, esto es, qué otros elementos o bien qué me­ridianos actúan sobre los meridianos intestinales y, a su vez, sobre qué otros meridianos actúan los meridianos intestinales. Además, puede comprobar qué zonas, tejidos y funciones del intestino se ven afectados por las perturbaciones, si existe una inflamación de la pared intestinal, si las defensas conectadas con el intestino están perturbadas, etc.
Lo más importante para la terapia es, sin embargo, qué factores han provocado estas perturbaciones. Esto puede comprobarse con las ampollas de testar corres­pondientes; también si hongos intestinales han ocupado la posición de bacterias, si las bacterias proteus provocan una putrefacción del contenido del intestino, si las bacterias de fermentación fabrican alcohol metílico en el intestino, etc.
Después de que el terapeuta haya obtenido un pa­norama, mediante la técnica de tests en red, de los fac­tores que cargan verdaderamente el intestino, puede abordar la terapia. Esto no es, a menudo, posible por vía directa, sino que en muchos casos el organismo debe pre­pararse, primero, para la terapia intestinal.
En un primer paso, se trata de que ei terapeuta guíe ai paciente para que: escoja una alimentación que no cargue más el intestino y el cuerpo, excrete las sustancias tóxicas del cuerpo bebiendo agua pura y activa, promueva la excreción de toxinas a través de la piel mediante un cuidado adecuado de ésta, garantice, mediante un sueño suficiente y repara­dor la regeneración de las funciones corporales, estimule el movimiento interior del cuerpo funciones, moviéndose suficientemente.
Seguidamente -en caso de que exista una alergia condicionada por la alimentación-, debe liberarse el intestino de los alimentos alérgenos.
Si el intestino, debido a su enfermedad, sólo sirve de manera condicionada como órgano excretor, deben estabilizarse y activarse los otros órganos excretores y desintoxicad ores.
Aquí se trata, en primer término, del hígado y la piel, pero también de los riñones y el sistema linfático. Tampoco deberían olvidarse los pulmones, pues están en interacción energética directa con el intestino grueso y pueden contribuir con su estabilización a la curación del intestino.
Finalmente, se efectúa el tratamiento directo del intestino. Aquí se trata, en primer lugar, si existe una afec­ción micótica, de tratar los hongos intestinales y después, de la recuperación de una flora intestinal sana, lo que también se conoce por el concepto «saneamiento intes­tinal».
El saneamiento intestinal abarca mucho más que la recuperación de la flora intestinal. La pared intestinal debe regenerarse y su linfa, estimularse. Esto puede ocu­rrir por la ingestión de preparados citoplasmáticos de mucosas (véase el glosario) y preparados de células M (véase el glosario), así como por las oscilaciones de estos preparados.
Las investigaciones han dado como resultado que la colonización bacte­riana del intestino es muy diferente en niños de pecho, de biberón o de parto por cesárea. En los niños de biberón, y especialmente en los de parto por cesárea, se desplaza en favor de gérmenes patógenos. Eso significa que los
lactantes no pueden digerir bien sus primeras comidas -comenzando por la leche de vaca y el trigo, que en nuestra cultura representan las primeras proteínas extrañas. Puesto que las sustancias mal digeridas ceden sustancias nocivas a la sangre y pueden provocar allí reacciones inflamatorias y alérgicas (especialmente reac­ciones cutáneas -¡la piel como órgano excretor!), podría residir en la falsa colonización del intestino del lactante uno de los motivos de la neurodermitis infantil prema­tura y también de otras enfermedades inflamatorias y alérgicas.
Desgraciadamente, la flora intestinal no se regula en muchos casos por sí sola. Por eso continúan las reaccio­nes inflamatorias y alérgicas de proteínas vegetales y animales desde la edad infantil y juvenil hasta la edad adulta. En la terapia de las enfermedades inflamatorias y alérgicas, especialmente en las enfermedades reumáticas y de la piel, debe incluirse siempre también el intestino como posible causa.
La terapia antifúngica ya se describió detalladamen­te en el libro Bioresonanz-Therapie. Heilen mit patienteneige­nen und substanzeigenen Schwingungen. (Por eso no es preciso repetirla aquí.)
Sólo debe indicarse que uno de los motivos por los que las terapias de hongos no producen muy a menudo el resultado deseado reside en que las enzimas de los hongos destruyen los anticuerpos del sistema inmunitario y pueden convertirlo, así, en ineficaz. Con ello se acaban de paralizar aquellas defensas que deben comba­tirlos. Si el sistema inmunitario se ve obstaculizado de esta manera, los hongos que quedan después de la terapia pueden aumentar de nuevo rápidamente por una organización insuficiente de la flora bacteriana, o por una nueva falsa alimentación, o por la toma de medica­mentos contra las bacterias.
De momento, el estado actual de nuestros conocimientos nos brinda sólo la posibilidad de cambiar las enzimas de los hongos para que no puedan atacar las in­munoglobulinas (anticuerpos): oscilaciones invertidas de dichos hongos.
UN CASO: perturbaciones intestinales
U. M., mujer, 59 años.
La paciente tiene desde hace 20 años la tensión arterial alta. Para ello, tal como se esperaba, su médico de cabecera le prescribió regularmente comprimidos a fin de reducirla. Éstos ba­jaron realmente la tensión. Últimamente remitió, no obs­tante, la eficacia de los comprimidos: la tensión volvía a subir rápidamente al poco tiempo. Contra ello tampo­co ayudó una dosificación más alta de los comprimidos para el corazón. Los ataques cardíacos nocturnos con crisis de tensión alta actuaban como infartos, aunque no lo eran. Era interesante que los meridianos del corazón tuvieran los valores más bajos de todos los meridianos en la prueba bioenergética. ¿Acaso como consecuencia de la larga medicación?
Exámenes por rayos X y ultrasonidos de diferentes especialistas dieron como resultado en repetidas ocasio­nes un tamaño bastante reducido del riñón izquierdo (esclerosis renal). Esto hace pensar en una participación del riñón en la tensión arterial alta.
Las mucosas de boca y nariz están constantemente secas. La nariz está continuamente tapada.
La menopausia, a partir del 40.0 año de vida, ha sido muy problemática. La doctora prescribió tomas de hormonas para tratarla.
El apéndice le fue extirpado hace 48 años, las amígdalas hace 43, la vesícula biliar, hace 4.
Ahora tiene continuamente náuseas. Evita todo lo que provoque flatulencia. Come casi sólo muesli. A pesar de ello, las flatulencias le presionan el corazón. Por las noches, a menudo no puede dormir porque siente náuseas. Ahora ya no sabe si prefiere vivir o morir.
El examen bioenergético de los 5 elementos dio como resultado cargas especialmente fuertes en el ele­mento Metal: el intestino grueso y el meridiano de los pulmones, y en el elemento Madera: el hígado y el meri­diano de la vesícula biliar.
Realmente se podía comprobar con la prueba bioenergética de la técnica de tests en red que se había for­mado una colonización bacteriana defectuosa del intes­tino con putrefacción y fermentación, así como una afecClon mlCOtlCa y aÍlatoxinas (son (Oxinas metaÍJólicas del hongo AspergilJus flavus) , sobre las bases de una fuer­te alergia al trigo y a los huevos de gallina que actuaba sobre todo el cuerpo. Éstas actuaban de modo regresivamente tóxico.
Las muelas del juicio y los dientes muertos actuaban como focos tóxicos. Otra carga vino por los empastes de amalgama de los dientes. Las tomas de estrógenos y progesteronas cargaban el sistema hormonal. Pero fue el estrés físico de la operación de la vesícula biliar lo que cimentó la enfermedad, es decir, bloqueó tanto el organismo que apenas se podía tratar. Si se quiere interrumpir este bloqueo, la terapia debe llevarse a cabo de manera muy sistemática y cautelosa. Debe comenzar por crear un estilo de vida sano. A ello debe unirse un sanea­miento fundamental del intestino. Forma parte de éste evitar los alergenos y las consecuentes terapias antimicóticas. El éxito de estos comienzos es la condición previa para el éxito terapéutico posterior.
Después debe estabilizarse la situación hormonal. Se une el saneamiento de los dientes, incluida la amalgama.
Una terapia semejante debe realizarse con precau­ción y paso a paso, dada también la edad avanzada de la paciente. Es preciso evitar una carga terapéutica dema­siado fuerte.

El concepto «tejido conjuntivo» es verdaderamente demasiado modesto. Da por supuesto que se trata (sólo) de un tejido que une y protege órganos. Eso suena como si fuese un tejido sin funciones importantes. Pero es una concepción muy errónea, pues en realidad el tejido coI!juntivo es un órgano que atraviesa todo el cuerpo y que cumple mu­chas misiones vitales (esquema página 164).
CAP: vasos capilares MV: anastomosis arteriovenosa SNC: Sistema nervioso central víscero-sensible
El sistema de regulación básico es el tejido conjuntivo entre los vasos sanguíneos y linfáticos, así como entre los terminales nerviosos y las células de los órganos.